Abr 302012
 

Franc Ponti, Director Centre d'innovació d'EADA

Franc Ponti, Director del Centro de Innovació de EADA

Profesor en el Departamento de Dirección de Personas de EADA, especializado en creatividad e innovación.
Director del Centro de Innovación de EADA.

Los profesionales tienden a competir entre sí pero cada vez se impulsa más el trabajo en equipo

Por naturaleza, el ser humano tiende acompetir. Busca ser el mejor en todos los ámbitos, también el laboral: en toda empresa hay alguien dispuesto a loque sea –incluido destrozar el trabajo de otro compañero o departamento– con tal de destacar ante su jefe. En general, las empresas han tendido a favorecer este fenómeno, por ejemplo mediante el establecimiento de sistemas objetivos individuales, pero algo empieza a cambiar: el trabajo en equipo y la cooperación entre profesionales y departamentos se abre paso como nuevo modelo laboral que seguir, especialmente en el contexto actual.

La crisis ha generado un cambio de paradigma: “Los valores  clásicos de la competitividad, yo gano-tú pierdes, están en crisis: hay que adquirir hábitos de colaboración, más eficientes en muchos contextos”, destaca Franc Ponti, director del Centro de Innovación de Eada e impulsor del libro ¿Trabajas o colaboras?, que acaba de publicar Profit Editorial. Hace unos meses, Harvard Business Review se hacía eco de esta tendencia explicando cómo un creciente número de organizaciones, entre ellas IBM, Citibank o incluso la NASA, estaban comprobando las ventajas de impulsar el trabajo “colaborativo” entre sus profesionales.

Pero, ¿están los trabajadores preparados para dejar de competir y colaborar con el compañero de al lado? “Fisiológicamente, nuestro cerebro está preparado para reaccionar ante el peligro defendiéndose contra los demás: nos hemos acostumbrado a competir para sobrevivir”, explica Enric Bernal, socio fundador de la consultora Pinea3 y coordinador del libro ¿Trabajas o colaboras?.

También influye la educación: mientras en Oriente y Latinoamérica se fomentan culturas más colaboracionistas, los españoles se ajustan más al perfil individualista anglosajón. Por ejemplo, muchos profesionales tienen un sentimiento de “propiedad” sobre un proyecto y no quieren compartir con nadie su éxito. Con esta base, el espíritu de cooperación no surge de forma natural en el entorno laboral: debe ser impulsado expresamente, bien desde los trabajadores o, especialmente, desde la propia empresa, ya que  puede requerir cambios en la estructura de la compañía. “Si la empresa está formada por departamentos clásicos estancos que no interactúan entre sí, no puedes pedir a los trabajadores que colaboren entre sí porque es demasiado difícil”, advierte Franc Ponti.

“La estructura lidera el comportamiento”, dice Bernal. Por eso, algunas compañías usan ya nuevas estructuras que fomentan la cooperación. Por ejemplo W.L. Gore, fabricante de goretex, funciona con equipos que se autoorganizan. “Hay empresas que van más allá, pero con una cierta relajación de las estructuras clásicas de la empresa sería suficiente para fomentar la cooperación, que es totalmente compatible con un liderazgo fuerte”, apunta Ponti. Además, la cooperación no siempre surge en estructuras formales: un ejemplo de cooperación espontánea son las populares pizarras blancas que decoran las paredes de Google, donde cualquier empleado puede iniciar un debate que va siendo enriquecido por todos los que van pasando por allí y quieren añadir algo a la pizarra. “Trabajar en equipo nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos”, destaca Enric Bernal.

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