Sep 252015
 

“Necesitamos urgentemente una forma de hacer política nueva, enfocada en los ciudadanos, honesta, sin poner las leyes al servicio de intereses particulares, separando los poderes para que la justicia sea real y la transparencia completa”

David Roman, profesor de marketing de EADA Business School Barcelona

Escuchando, y sufriendo, la campaña electoral para las elecciones del 27 de septiembre de 2015 constato que el marketing político se podría definir como el marketing de las cavernas.

En los años 60, con un marketing no demasiado desarrollado, los consumidores no tenían demasiada información y no podían escoger demasiado. Se sometían obligados a la dictadura de las marcas sin remedio. Eran épocas en que las empresas tenían muy fácil vender, ya que los clientes no tenían la oportunidad de comparar ni podían elegir entre diferentes opciones.

Los negocios han cambiado mucho desde esa época y las empresas han tenido que evolucionar en un enfoque cada vez mayor hacia las voluntades de nuestros clientes, mejorando continuamente sus productos para dar más valor al consumidor a un coste más competitivo. Pues bien, mi opinión personal del marketing electoral es que no ha evolucionado al mismo ritmo de la sociedad y en periodos electorales esto se hace muy evidente.

Change We can Believe InAlgunos, en política, se dieron cuenta hace ya casi una década de ello, y comenzaron a cambiar la forma en que se acercaban a sus clientes, los votantes, utilizando los nuevos canales de comunicación pero, sobre todo, escuchando y respondiendo, cambiando un mensaje colectivo por uno casi personalizado y comprendiendo que la relación debe ir más allá de la campaña electoral. Este paradigma cambió especialmente con la primera campaña de Obama en las elecciones de 2008, que, a pesar de renunciar a los fondos públicos con los que habitualmente se financian los partidos, consiguió recoger más de 600 millones de dólares especialmente en donaciones populares a través de internet.

Official portrait of President-elect Barack Obama on Jan. 13, 2009. (Photo by Pete Souza)

Barack Obama

A pesar del gran seguimiento y la multitud de noticias generadas, muchos siguen sin haber aprendido de esta experiencia para incorporarla en su estrategia para captar votos. Desde mi punto de vista, la principal virtud de Obama fue escuchar, lo que le permitió dirigir sus actuaciones electorales en consonancia con las esperanzas, ilusiones y demandas de los norteamericanos, que, combinadas con sus aptitudes innatas de líder, le llevó a la victoria indiscutible en ese momento.
Además, una vez conseguido el voto, siguió siendo coherente con su discurso, respetando las promesas electorales realizadas, por lo menos muchas de ellas, lo que ha mantenido las esperanzas de los votantes, fidelizándolos. Así resistió el acoso de los republicanos y el desgaste del poder en un periodo muy difícil tanto económica como políticamente, consiguiendo su reelección en los siguientes comicios.

Escuchar y respetar son las bases de las nuevas formas de hacer negocios

¿Esto pasa aquí? Empezamos mal. Las campañas políticas están llenas de acusaciones a los otros partidos, descalificaciones y mentiras, (sí, mentiras) que acaban por desprestigiarse los unos a los otros utilizando todas las presiones y medios posibles. Muy pocos aportan ideas nuevas explicando claramente qué harían si gobernasen, ofrecen soluciones comprensibles a los problemas cotidianos y, si lo hacen, casi ninguno lo explica en palabras que puedan comprender la mayoría de los electores. Si se observan las valoraciones de los políticos que realiza el CIS, podemos ver que ninguno aprueba. Qué triste cuando todos estamos en manos de ellos, ¿no? Si estuvieran en las estanterías de un supermercado, NADIE les compraría, les pasaría lo mismo que a un hotel con malas valoraciones en TripAdvisor.

Para compensar esta falta de ética (estoy tentado a utilizar la palabra vergüenza, pero me modero) controlan la opinión a través de sus medios de comunicación, alineados con su mensaje. Cuando llegan las elecciones, utilizan nuestros impuestos para enviarnos cartas con el “pedido” incorporado (la papeleta y el sobre de voto) a través de un canal al que muchos no hacemos ya ni caso, menos cuando nos llega el catálogo de Ikea. En este momento, invaden nuestros programas de televisión y radio favoritos con mensajes de primero de propaganda política o de curso introductorio de publicidad, que quizá no acaban de valorar porque les salen gratis.

Llámeme idealista, pero necesitamos urgentemente una forma de hacer política nueva, enfocada en los ciudadanos, honesta, sin poner las leyes al servicio de intereses particulares, separando los poderes para que la justicia sea real y la transparencia completa. Tal y cómo las empresas están cambiando su forma de hacer negocios. Ellas sí que se quedan sin clientes si no lo hacen.

 Como consumidores, exigimos transparencia y penalizamos a aquellos que no cumplen con lo pactado dejándoles de comprar

En este mundo, preferiría unos medios de comunicación que no fueran instrumentos al servicio de intereses determinados y de los que me pueda FIAR. Me gustaría que no me engañaran, que no silenciaran las meteduras de pata de los políticos amigos y que, a la vez, amplifiquen los errores de los no amigos, publicando información favorable a los que me da la subvención y escondiendo a los que no.

Escuchar y respetar son las bases de las nuevas formas de hacer negocios y, ya que somos los mismos ciudadanos los que compramos un yogurt que los que vamos a votar, también lo deberían ser de la política. Traicionar a los consumidores sale muy caro (que se lo digan a Volkswagen y a su algoritmo “trucado” de control de emisiones). Como consumidores, exigimos transparencia y penalizamos a aquellos que no cumplen con lo pactado dejándoles de comprar. Pero, ¿por qué aun no pasa esto en política?

Espero que lean este post los que ganen y también los que pierdan, para que el futuro no sea como ha sido el pasado y está siendo el presente. Quiero vivir en un país mejor, más justo, dónde manden personas honestas, responsables y competentes, preocupadas por el bien común, por el bienestar de sus “clientes”.

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