May 052015
 


Athina Sismanidou, profesora del área de Producción y Operaciones de EADA

La profesora de EADA Athina Sismanidou reflexiona sobre la situación griega coincidiendo con los 100 días de Tsipras en el poder.

La profesora de EADA Athina Sismanidou reflexiona sobre la situación griega coincidiendo con los 100 días de Tsipras en el poder.

El financiero y ensayista americano Nassim Taleb, en su libro The Black Swan (El Cisne Negro) dice que seguir demasiado pormenorizada-
mente los acontecimientos puede hacernos disminuir la capacidad analítica de los hechos. Ello es especialmente cierto en la crisis griega: desde que Syriza ganó las elecciones, Grecia ha estado varias veces tan a punto de la catástrofe como del acuerdo. Con o sin Varoufakis, este acuerdo, de momento, no ha llegado. Y, como escribe Taleb, la catástrofe siempre nos pillará por sorpresa.

Nadie ha dicho que este proceso fuera a ser fácil. Tampoco es fácil la lectura de los hechos. Los titulares con los que a diario nos bombardean en toda Europa hacen que corramos el riego de que obviemos tanto los pequeños detalles como la gran cuestión.

Comencemos por Varoufakis y la reunión en Riga la semana pasada. Una primera lectura es que Varoufakis ha sido un fiasco y un desastre. La conclusión “tranquilizadora” sería que finalmente el sentido común se ha impuesto y que el mismo Tsipras cambia a su poco diplomático ministro para la negociación con el Eurogrupo por un equipo más moderado y político. Así podríamos concluir que el nuevo equipo negociador va a aceptar la vuelta a la austeridad y al retorno religioso de la deuda. Al joven gobierno de Syriza no le quedaría más que admitir su derrota y gestionar la frustración generada en el pueblo griego.

El nuevo equipo negociador de Tsipras con el Eurogrupo va a aceptar la vuelta a la austeridad y al retorno religioso de la deuda

Hay, sin embargo, una lectura alternativa. Por un lado, Varoufakis –que, recordemos, sigue siendo el ministro de economía– siempre ha defendido en público su optimismo acerca de la posibilidad real de una solución favorable a todas las partes; pero Tsakalotos, uno de los hombres clave del nuevo equipo, ha moderado este optimismo en sus primeras declaraciones. Por otro lado, este martes hubo una larga intervención televisiva del primer ministro Tsipras que se resume en tres afirmaciones inequívocas: uno, Grecia no va a volver a la austeridad; dos, si el Eurogrupo no deja alternativa, Grecia está preparada geopolíticamente para funcionar fuera de la Unión Europea; tres, una decisión tan trascendental (dejar el euro a cambio del fin de la política de austeridad) se someterá a referéndum.

Tsipras ha planteado esta semana en un programa de televisión que someterá a referéndum la decisión de dejar el euro a cambio del fin de la política de austeridad

Las últimas encuestas entre la población griega dan un 60% de apoyo tanto a la gestión del nuevo gobierno como a seguir en el euro.

Las últimas encuestas entre la población griega dan un 60% de apoyo tanto a la gestión del nuevo gobierno como a seguir en el euro.

Según está visión, Varoufakis habría formado parte de una primera fase de negociación. Tsipras no podía defender una Grexit (anglicismo formado por la unión de de Greece y exit) antes de demostrar, tanto a los griegos como al exterior, que el diálogo no funciona. Varoufakis, por tanto, con su provocadora estética y su actuación de “one man show” tal vez pretendía mostrar la ineficacia de negociar un recorte de la deuda por las buenas. Según esto, la táctica consistiría en una primera fase de más dureza, en la que la “intensidad” de Varoufakis cumpla unas primeras expectativas de los votantes griegos, una segunda fase en la que se empiezan a ceder concesiones para tratar de cerrar un acuerdo y una fase final en la que se cruzan las líneas rojas del mandato de Tsipras y se requiera un referéndum.

Sinteticemos esta lectura alternativa. Primero, la hoja de ruta cuando se votó a Syriza era y sigue siendo la misma: no habrá vuelta a la austeridad; segundo, el nuevo equipo negociador ha rebajado el optimismo ante un acuerdo con el Eurogrupo. Tercero, el no acuerdo implica un referéndum para la Grexit. Conclusión –y da igual si aplicamos a estas premisas una lógica euclídea, socrática o aristotélica, el resultado es el mismo–: la disposición del gobierno de Grecia –no necesariamente del pueblo griego– para la salida del euro es real. Una vez consumido el “cartucho Varoufakis”, si no hay un cambio significativo en el Eurogrupo, podríamos afirmar que el referéndum en Grecia es difícilmente evitable.

La disposición del gobierno de Grecia, no necesariamente del pueblo griego, para la salida del euro es real

Esta nueva fase de la partida de póquer no está exenta de interrogantes. El más importante es cuál sería el resultado del referéndum. No hay que olvidar que las últimas encuestas entre la población griega dan cerca de un 60% de apoyo tanto a la gestión del nuevo gobierno como a la permanencia en el euro.

Incertidumbre por tanto para Grecia; pero también para toda Europa. Qué casualidad que esta misma semana se discuta acaloradamente sobre el referéndum en Gran Bretaña para la permanencia o no en la Unión Europea (la Brexit). Todo ello muestra que el problema de fondo que se está discutiendo no es ni de austeridad, ni de liquidez financiera, ni de deuda. Estamos ante un problema político, que requiere negociadores políticos.

Con la discusión esta semana de la permanencia o no de Gran Bretaña en la Unión Europea se constata que el problema de fondo no es económico sino político

El problema político de una Unión Europea dispuesta a prescindir de un miembro tras una crisis fiscal, se observa desde un país integrador como Estados Unidos con una mezcla de interés y de pasmo. El gobierno de Obama ya ha manifestado en público su rechazo a las políticas de austeridad, pero es esperable que se mantendrá al margen de este conflicto y no acudirá en rescate de Grecia hasta el día después de que se consume la Grexit. Después de todo, para Estados Unidos no es un mal escenario el tener una Europa sin unión política, impotente ante la posibilidad una nueva Eurexit de algún otro miembro. A Estados Unidos no le iría mal una Europa diagonalizada de extremo a extremo por una Gran Bretaña y una Grecia distanciadas de Europa. Y no hablemos de Rusia.

Para Estados Unidos no es un mal escenario el tener una Europa sin unión política, impotente ante la posibilidad una nueva Eurexit de algún otro miembro

El periodo de gracia –los famosos 100 días– para el gobierno de Tsipras casi ha terminado. Ahora las cosas se acelerarán porque el pueblo espera resultados. Sólo una cosa frenaría el camino Grexit: la opinión pública griega. La posibilidad del referéndum es real. Por tanto, un reenfoque de los términos negociadores, tanto por la parte griega como, sobre todo, por parte del Eurogrupo, son en mi opinión la llave de cuál será el resultado final.

Publicado en ‘La Vanguardia’
3 de mayo de 2014
Kantar-Media

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