Feb 232015
 


Rafael Sambola, Director y professor del Master en Direcció Financera de EADA

Rafael Sambola, fotografiat al seu despatx d'EADA.

El professor Rafael Sambola, fotografiat al seu despatx d’EADA.

Mario Draghi se ha visto obligado en estos últimos meses a tomar medidas monetarias  convencionales y extraordinarias  debido a una recuperación de la Eurozona,  lenta y con diferencias entre países. Entre estas medidas destacan la reducción a mínimos de los tipos de interés, tipos de interés negativo para depósitos en el BCE, barra libre de liquidez a la banca a través de los LTRO etc.
Sin demasiados resultados aparentes,  el Presidente del BCE volvió a tomar la iniciativa hace unas semanas,  poniendo en marcha un programa de compra de deuda por más de un billón de euros. Todo con un solo objetivo: inundar el mercado de liquidez, facilitando así la concesión de créditos a las empresas y familias. Se trata pues de utilizar la palanca del crédito para favorecer el consumo y mejorar el comportamiento consolidado del PIB de la Eurozona.
Paralelamente a esta decisión el Banco de España anunciaba la semana pasada que el endeudamiento de las familias y empresas se situaba en 1,7 billones de euros,  encadenando de esta forma seis años de bajadas continuadas. Así en el año 2008 la cifra total  era de 2,2 billones de euros, 1,97 veces el PIB de aquel año. Al cierre del 2014 esta cifra alcanza (de forma provisional)  1,68 veces el PIB, una noticia que algunos medios de comunicación  evaluaban como negativa y síntoma aún de la debilidad de nuestra economía.
La cuestión está ahora en saber si las medidas adoptadas por el BCE permitirán revertir esta tendencia. Me temo que no y en mi opinión tampoco considero que sea la forma de impulsar la economía, principalmente por los efectos colaterales que pueden volver a producir tales medidas. Varias pueden ser las razones:
España (al igual que otros países de Europa) mantiene aún unos porcentajes de endeudamiento del sector privado altos y cuyo origen estuvo en el estímulo que supuso en su día  la bajada de tipos de interés de los créditos. Periodos de crecimiento del apalancamiento ocasionan,  tarde o temprano, iniciar procesos inversos tal como está sucediendo actualmente. Como derivación de esta situación una gran parte del flujo monetario se está trasladando  al retorno de la deuda, minorando así  el consumo y las inversiones.
Si bien afortunadamente el PIB de España crece de forma lenta pero sostenida, parece que este es aún insuficiente para conseguir cifras de empleo óptimas. Los niveles de paro,  así como los salarios y contratos precarios de una parte de la población no son propicios a que aumente la financiación a las familias.
También es innegable que muchas sociedades  observan  mejoras en la concesión de sus  créditos. Especialmente las grandes empresas y aquellas con un porcentaje de ventas diversificado entre el mercado exterior e interior. Pero también es cierto que  aún hay  muchas empresas, que a pesar de observar progresos en su cuenta de resultados, su  rentabilidad continúa siendo baja. Además su ajustado cash flow, como consecuencia de tener que hacer frente al servicio de la deuda contraída anteriormente, hace que la banca contemple parte de esta demanda empresarial aun poco solvente.
Aunque suponiendo que los bajos tipos de interés emitidos por el BCE se trasladen realmente al crédito concedido (aspecto que aún no se refleja  principalmente en el crédito al consumo), el comportamiento del IPC (-1,4% en Enero de 2015 en España) se convierte en una variable negativa que tampoco estimula el compromiso de nuevos créditos,  mayoritariamente aquellos que son a medio y largo plazo. Es muy difícil devolver la deuda si no hay inflación y crecimiento.
Independientemente de que el lector esté de acuerdo o no con lo expuesto anteriormente, me sorprende aún más la iniciativa de querer volver a estimular el consumo a través de la senda del endeudamiento. Es decir, gastar nuevamente por encima de nuestras posibilidades, sin acordarse de los efectos perniciosos que esto produce.
Finalmente considero  que las medidas del BCE no son suficientes. Es decir sólo con expansión monetaria no se sale de una recesión, hacen falta políticas de expansión del gasto y para ser más concretos de la inversión pública. Hace unos meses el Banco Europeo de Inversiones planificaba una dotación de recursos de 350 mil  millones de euros para iniciar un plan de inversiones en la Unión Europea. Mario Draghi destina ahora un total de más de 1,1 billones de euros para comprar deuda, inyectar liquidez y facilitar el crédito. Desde mi punto de vista  se pierde una gran oportunidad para unificar estos importes y desarrollar un plan de inversiones en infraestructuras, innovación, investigación, formación etc. que permita a la economía europea competir con cualquier otra economía.
Se trataría de convertir esta iniciativa,  en el motor de arranque de la economía, mejorando las perspectivas, disipando la incertidumbre y  al mismo tiempo movilizando hacia el consumo,  los recursos acumulados a través del ahorro de  muchos hogares.

  One Response to “La paradoja de la deuda

  1. Me parece que este Mario Draghi se debería haber puesto en manos de un buen asesor fiscal antes de animarse a hacer promesas utópicas.

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