Nov 122014
 

Joan Anton Ros,
Profesor de Finanzas en EADA

Joan Anton Ros es profesor de Finanzas en EADA

Joan Anton Ros es profesor de Finanzas en EADA

Tal como era de esperar, las entidades bancarias españolas han superado las pruebas de solvencia del BCE, una buena noticia para recuperar la confianza del sistema financiero, en general y de los clientes, en particular. Respecto al test anterior del 2011 –cinco entidades fueron suspendidas– se ha realizado una profunda reestructuración del sector, una mayor concentración bancaria, la desaparición de un gran número de entidades, 40.000 millones en ayudas bancarias, un aumento considerable en provisiones de la morosidad, un traspaso de activos al SAREB, venta de filiales, ventas de carteras de crédito, ampliaciones de capital y un elevado gasto en asesoramiento. También se agilizó el aval público de los créditos fiscales (DTA), que la banca ha venido apuntando como capital a efectos de solvencia y que Basilea III no admite en 2014.

Esta ha sido una prueba mucho más dura y exigente que las anteriores ya que cubre el 50% como mínimo de los activos ponderados en riesgo de crédito, con un enfoque centrado en identificar las carteras de mayor riesgo de error en su clasificación. Se ha priorizado el capital de máxima calidad, y se ha realizado un interesante proceso de análisis combinado, entre las entidades bancarias y los equipos dirigidos por el BCE, que pone a prueba los modelos internos de análisis de riesgo de las mismas. A pesar de lo positivo del análisis existen algunas sombras que no deberíamos obviar.

Es difícil que la muestra llegue al fondo de todas las posibles contingencias de impago y demora, por lo que podría ocultar ciertas refinaciones u operaciones mal clasificadas. Diversos bancos franceses suspendían por déficit de capital, en un estudio paralelo, realizado con otra metodología de riesgos (Mr. Archaya de la University’s Stern School).

El dilema del BCE es supervisar y garantizar la estabilidad del euro a la vez que continúa con los estímulos

Imagen del Banco Central Europeo.

Imagen del Banco Central Europeo.

Es una buena noticia, sin embargo, el discurso prudente del gobernador del Banco de España, Luis María Linde y el del presidente del Eurogrupo, Mr. Dijisselbloem, que evidencian algunas incertidumbres acerca del futuro rol a desempeñar por la autoridad bancaria europea, ya que si bien el riguroso análisis realizado aumenta la credibilidad de la misma, no impide al BCE ser protagonista del partido. Como autoridad monetaria, le preocupa que la eurozona entre en recesión, y está adoptando una política expansiva para preservar el euro que inevitablemente afecta a los mercados y, en especial, al valor de los activos cotizados. Las megasubastas de liquidez, la rebaja de tipos del 0,25 al 0,15 o la compra progresiva de los denominados ABS –bonos titularizados de deuda privada de empresas, protegidos por hipotecas y créditos de diversa tipología son algunos ejemplos al respecto–.

El BCE se enfrenta al dilema de supervisar y garantizar la estabilidad del sistema y, a su vez, continuar con los estímulos monetarios para evitar una tercera recesión en la eurozona, lo que también modifica el valor de los activos bancarios.

 

Publicado en ‘Diari de Tarragona’
9 de noviembre de 2014
Kantar-Media

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