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Dic 102013
 

Ruben Llop, EADA

Ruben Llop, EADA

Dr. Rubén Llop
Director del departamento de Estrategia y de Dirección de Personas de EADA Business School Barcelona

Recordarán, el “España va bien”, los “brotes verdes” el “hay que hacer más por menos”, el que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” e, incluso, en otro orden de cosas, el también famoso “lo siento mucho, me he equivocado” o el “vengo a defender mi honor”. Me he resistido a escribir sobre cada una de ellas y sobre sus autores en sus respectivos momentos aún a pesar de los duros, casi descarnados, análisis que sobre ellas he realizado en círculos próximos y a pesar de, por qué no decirlo, las intensas emociones que me han despertado, en cada caso, cada una de estas afirmaciones. Sinceramente me arrepiento de no haber arremetido contra ellas en ocasiones anteriores ya que, aunque el efecto generado hubiese sido nulo o, cuando menos, poco relevante, al menos yo hubiese cumplido con mi (auto) obligación de hacer aquello que esté en mi mano para contribuir, modestamente, al análisis crítico de la realidad. Pero hoy, dado que se me ha presentado la oportunidad, simplemente, no he podido resistirme más.

“Emilio Botín ha afirmado hace pocas semanas que ‘España está en un momento magnífico’”

El señor Emilio Botín ha afirmado hace pocas semanas y supongo que lo ha hecho, entre otros, con el propósito de continuar promocionando la “marca España” a nivel tanto hispanoamericano como global, que “España está en un momento magnífico”. Y no crean que le vaya a rebatir el entrecomillado, no. La España a la que él se refiere, efectivamente, es muy atractiva para un determinado tipo de capitalismo contemporáneo en el que el señor Botín, sin duda, participa activamente. Se trata del capitalismo que hace referencia al capital internacional, impaciente y apátrida, que busca en cada ocasión la oportunidad de inversión que ofrezca la mayor rentabilidad posible en el menor plazo con unas circunstancias de riesgo e incertidumbre asumibles. Él hace referencia, entre otras cosas, a la inversión en la bolsa española, a la oportunidad de compra de empresas y activos inmobiliarios a precios competitivos (por no decir infravalorados o “reventados”), a la compra de deuda española, y, en general, a las oportunidades que se presentan de compra o inversión financiera especulativa que busca altos rendimientos a corto plazo y que, a modo de resumen, no tiene efectos directos significativos en la generación de empleo.

Bolsa y especulación

Es decir, el capital internacional “impaciente” aprecia, por un lado, que la bolsa española puede continuar su rally alcista y tanto la revalorización de las acciones como el probable reparto de futuros dividendos resultan atractivos para esos inversores globales. Nuestro índice bursátil cayó desde estar por encima de los  15.000 puntos a menos de 7.000 y en las últimas semanas se han roto los “techos” de 9.000 y, ocasionalmente, de 10.000 puntos. Por tanto, en la caída libre no  era momento de invertir, en la incertidumbre de los primeros pasos de la revalorización del IBEX 35 tampoco. Pero ahora, los analistas e intermediarios financieros, opinan, acertados o no (tan solo el futuro lo dirá), que ya se dan las  circunstancias para “apostar” por una senda de rentabilidad  suficientemente atractiva y a menor riesgo. Por eso, entre otros motivos, Bill Gates se convierte en el segundo mayor accionista de FCC invirtiendo unos decimales de su inmensa   fortuna. De la misma forma, la compra de empresas españolas y la toma de participaciones relevantes en algunos de los “buques insignias” de las mal llamadas multinacionales españolas (puesto que ni el capital ni la parte más relevante de  sus negocios ni de sus beneficios está  concentrado en territorio español) están ocurriendo, o por ocurrir en un cercano futuro, por esas mismas expectativas de una alta rentabilidad potencial con un riesgo calculado.

Por otro lado, la deuda española es rentable (más rentable que las de su entorno europeo) y, en la práctica, sin riesgo para el inversor, al menos según los expertos en predecir el futuro… y en explicarnos el pasado… cuando ya es demasiado  tarde… Por ello también se coloca la deuda  española, de momento, sin mayor dificultad, o incluso con facilidad, en exceso a la cantidad de deuda ofrecida.

“Se trata del capital internacional, impaciente y apátrida, que busca la mayor  rentabilidad posible”

Así que, el señor Botín, con el titular que se refiriere a esta España que ciertamente le interesa y le importa, tiene razón.

Por tanto, debiéramos diferenciar claramente entre los parámetros que inciden en la “situación magnífica en la que se  encuentra España” basada en la “economía financiera global” y la “economía real” que incide en los ciudadanos y en su bienestar (entendido aquí como la igualdad de oportunidades en educación y sanidad, por ejemplo, y el mantenimiento de  los derechos asociados a una vida digna: vivienda, trabajo y libertad de elección).

Salud FinancieraLa “economía real”

En ocasiones se nos pretende hacer creer que la revalorización de la bolsa o la llegada de capitales para financiar la enorme deuda que, como estado, debemos soportar y/o para invertir de manera oportunista en empresas y activos, causará un efecto positivo en la llamada “economía real”. En aquella economía que afecta a la creación de puestos de trabajo y a la salida de la crisis de los millones de ciudadanos que la sufren con extremo rigor desde que estalló la anterior burbuja especulativa generada, al menos en parte, por esta “economía financiera”. (Por cierto, burbuja financiada por esos mismos mos bancos y  capitales ansiosos de una rentabilidad máxima en el menor plazo, sin olvidar la inestimable colaboración de los líderes políticos).

Yo no lo veo así. Son dos mundos que no se conectan necesariamente entre sí. La economía financiera y la  economía generadora de empleos y de bienestar social responden a dos intereses distintos con estrategias, con mecanismos de gestión y con objetivos que no se correlacionan entre sí, aún a pesar del muy extendido discurso neoconservador. Y no es que lo diga yo desde un rincón crítico o alineado con otros oscuros intereses, no, lo dicen ellos mismos.

Si se les escucha atentamente se podrá apreciar, sin ningún esfuerzo, cómo afirman que, a pesar de esta “magnífica situación” de  ingentes cantidades de dinero agolpándose a nuestra puerta, se deben rebajar los salarios un 30%, añaden que para ser competitivos y atraer el capital que genere nuevos puestos de trabajo, deben reducirse los costes sociales (es decir, diluir  y/o hacer desaparecer el estado del bienestar de los más desfavorecidos), hacer más por menos, trabajar más horas, incrementar la productividad, disminuir las cargas fiscales de las empresas, etcétera.

Es decir, en el propio discurso neoliberal, se pueden distinguir las dos economías, la financiera internacional del capital impaciente en busca de rentabilidades financieras especulativas sin ninguna vinculación ni interés por realidades sociales concretas y, por otro lado, la  economía generadora de puestos de trabajo y, en consecuencia, de ciertos grados de bienestar social.

“A la compra o inversión financiera especulativa con altos rendimientos a corto y no genera empleo”

Sobre esta economía generadora de puestos de trabajo escribiré con más detalle y profundidad en otra ocasión pero, a modo de avance, les diré que hay una enorme diferencia entre la toma de decisiones y sus implicaciones sociales si aquellos  que generan puestos de trabajo están bajo el paraguas de empresas multinacionales cotizadas (secuestradas por el capital internacional impaciente y apátrida) o si pertenecen a empresas y capitales comprometidos con una determinada realidad social. Y no se trata de un ataque indiscriminado a todas las formas y expresiones del capitalismo  contemporáneo, sino una reflexión sobre  la enorme diferencia que existe entre las exigencias del capital global y, por otro lado, los valores y beneficios sociales que el emprendedor local, el vinculado a una realidad social concreta, puede llegar a generar en el corto, en el medio y en el largo plazo en esa determinada sociedad. Esta última expresión del capitalismo no se basa  en la inversión oportunista sino en el desarrollo de un bienestar conjunto que, a su vez, refuerza el desarrollo de la empresa y de la sociedad. Este capital no necesita la confrontación entre agentes y las negociaciones en posición de fuerza (de chantaje) para subastar internacionalmente dónde crear puestos de trabajo (y, por tanto, dónde destruirlos).

“Dicen que hay rebajar los salarios un 30%, añaden, para poder ser competitivos y atraer el capital”

Esta versión del capitalismo contemporáneo necesita financiación local competitiva, acuerdos políticos, económicos y sociales equilibrados que permitan competir internacionalmente sin dañar ni excluir a los más débiles y/o desfavorecidos del sistema. Necesita planes estables de formación que den frutos durante décadas, necesitan evitar la fractura social y reinvertir en la propia sociedad parte de sus beneficios. En estas circunstancias el bien común puede llegar a satisfacer a  empresarios y empleados y, además, competir en los mercados internacionales con el adecuado equilibrio de costes competitivos, innovación, compromiso social, valores éticos y, sin duda, rentabilidad.

Parece ser que estamos ante la  necesidad  de crear no sólo un nuevo ciudadano, sino una nueva generación de líderes que considere a los seres humanos como algo más que un centro de coste que debe reducir sus ingresos y sus condiciones de vida para atraer más de ese capital impaciente. Parecería necesario el crear sistemas económicos, y políticos, que no exijan competir exclusivamente  mediante el menor coste, eufemismo que exige empeorar drásticamente las condiciones presentes y futuras de nuestros   conciudadanos más desfavorecidos. Parece ser que de estos retos nos tendremos que ocupar los demás, puesto que no parece entrar en las agendas de nuestros líderes actuales la defensa de un modelo social y empresarial que, aunque tenga limitaciones de concepto y errores de implementación, considere a los ciudadanos como iguales y se esfuerce en evitar la exclusión y la precariedad de una determinada sociedad al mismo tiempo que es capaz de competir empresarial e internacionalmente con sus propias armas.

 

Publicado en Catalunya Empresarial
Leer artículo completo en el Núm. 243, pág. 20

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