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Oct 092012
 

Emma de Llanos es directora y profesora en el Master en Dirección de Recursos Humanos.

No hace falta estar muy atentos a los principales debates que se producen en la calle, en los medios de comunicación,  blogs, foros de  profesionales de RRHH,  etc..  para damos cuenta de la inquietud y desconcierto  que ha producido la reforma laboral impulsada por el gobierno.

Son muchas las voces contrarias a esta reforma tomando como base evidentemente, y no podría ser de otra manera, la elevada tasa de desempleo actual.  Algunos defensores argumentan que se trata de una medida a largo plazo y que  como tal, sus efectos positivos los veremos en un tiempo. ¿Pero cuánto tiempo debemos esperar?  Los detractores piden cambios inminentes para no alargar esta agonía ya que consideran que es una ley que definitivamente  favorece el despido.

A favor o en contra, lo que es evidente es que estamos ante un escenario muy crítico y con perspectivas poco claras , pues el crédito no fluye y por lo tanto se reducen drásticamente los estímulos para la generación de empresas…  o para la simple conservación de las mismas.

Pero, ¿creemos de verdad que toda solución a nuestros males pasa por la legislación, sea ésta u otra?

Por suerte, la naturaleza humana con todas sus miserias y virtudes es mucho más que una ley que, como ya hemos aprendido en ámbitos no exclusivamente laborales, está sujeta a “interpretaciones”. Y ¿qué es interpretar? Es dar sentido, es la manera que tenemos de explicar y de entender cualquier situación o la propia realidad. Sin ánimo de entrar debates filosóficos, podemos estar de acuerdo o no con una legislación (incorporamos juicio de valor), pero la aplicamos de acuerdo a nuestra propia interpretación, y luego la acatamos por obligación o por convicción.

¿Nos ponemos el cinturón de seguridad cuando vamos en coche para que no nos saquen puntos, o para garantizar nuestra vida y la de nuestros hijos? ¿Nos ponemos el casco en la obra para que no nos  multen,  o con la voluntad de regresar a casa sanos después del trabajo? ¿estaré en el comité de dirección de la empresa porque se reconoce mi valor y profesionalidad, o es por el mero hecho de ser mujer y garantizar así una serie de “cuotas”?…

Podríamos utilizar multitud de ejemplos para darnos cuenta que  quienes hacemos, escribimos y aplicamos las leyes somos personas con actitudes y condicionantes diversos, que, por el mero hecho de ser personas estarán siempre presentes. Otra cosa muy diferente (y muy loable) es el reconocimiento de los mismos y cómo éstos influyen a la hora de tomar determinadas decisiones.

Volvamos a la reforma. La bondad de la palabra “flexibilidad”, cuya intención está en la base de la redacción (eso dicen), es la que es. Como mera definición, y según la Real Academia de la Lengua Española es la “Capacidad de los cuerpos de curvarse sin romperse”, es decir, tener cintura; otra acepción “que no se sujeta a normas estrictas o a dogmas” , es decir, lo contrario a rigidez. En definitiva, “la capacidad de ser susceptible a cambios o variaciones según las circunstancias o necesidades” sigue añadiendo el diccionario.

Flexibilidad supone entonces partir de una actitud y una disposición abierta, desde nuestra mentalidad hasta nuestros actos y, por consiguiente, superar la rigidez de nuestras posiciones y principios que tratamos como dogmas absolutos. Esas “certezas” (las nuestras), que en muchas ocasiones les damos validez total porque son compartidas, son las que nos hacen usar y aplicar una leyes en una determinada dirección.

Con la ley en la mano, los empresarios y los trabajadores tienen derechos pero también obligaciones. Para mí es igual de reprobable el empresario que aprovecha la situación para … que el parado que saca provecho de su situación de desempleado … de la misma manera que creo es una irresponsabilidad del banco dar crédito ilimitado y también del particular que se endeuda hasta límites insospechables..

Trabajemos pues la mentalidad. Es lo que realmente nos pertenece a cada uno y sobre lo que de verdad podemos influir.

Ante la situación de crisis en la que estamos  inmersos, es el momento de reinventarnos,  de ser creativos  a todos los niveles: en las prácticas y políticas de RRHH,  en la mera gestión de las empresas, y evidentemente a nivel personal. ¿Alguno de nosotros puede verse sinceramente haciendo el mismo trabajo en la misma empresa durante el resto de su vida? De la misma manera que nosotros debemos ser gestores de nuestra propia carrera y preocuparnos de ser y seguir siendo empleables más que (o además de) estar empleados, las organizaciones deben de ocuparse de la gestión global del talento, lo que verdaderamente ayudará a traducir los propios recursos tangibles e intangibles en auténticas ventajas competitivas para las empresas. Eso es lo que nos debería de ocupar y preocupar de verdad, superando necesariamente los tradicionales y caducos posicionamientos entre empresarios, trabajadores y sindicatos ¿o no vamos todos a lo mismo? Ahí está el auténtico debate ¿nos reafirmamos en las posiciones habituales o buscamos entre todos fórmulas que den respuesta a la situación de cambio ya permanente?

Es evidente que el uso e interpretación que se está haciendo de la legislación laboral seguramente no es la misma que la intención que la provocó (quisiera estar en lo cierto), pero no nos quedemos solamente ahí. Seguramente puede llegar a ser también un nuevo recurso que tenemos a nuestra disposición para gestionar el talento y un marco que nos puede ayudar también a tomar decisiones más acertadas dentro de las organizaciones.

Hagamos una relectura más a conciencia con la mirada puesta en la competitividad y en el futuro más que en el recorte a corto plazo. De momento es lo que tenemos, y evidentemente eso no significa que renunciemos a una legislación más favorable para todos y nos resignemos.

  One Response to “Reforma Laboral y Flexibilidad. ¿Verdad o mentira?

  1. Buenos días, han pasado unos meses desde que se aprobó definitivamente esta reforma. Los que mirábamos con escepticismo estas medidas podemos comprobar unos meses más tarde cómo se han confirmado nuestros temores y lo que ya bien apuntabas en tu artículo. A día de hoy la reforma no ha hecho más que apretarnos el cuello y poner aún más trabas a las PYMES. El que ya tenía tiene hoy más y los que esperamos prosperar tenemos el horizonte más sombrí, en fin. Ya llegará el turno, a todos les llega.

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