Oct 012012
 

¿Qué podemos aprender de la crisis?

La bomba nuclear cayó a las 8.15 horas, el 6 de agosto de 1945 en Hiroshima. Desde entonces, Japón conmemora cada año ese día. Suenan campanas y se observa un escrupuloso silencio.

Esta semana Occidente recuerda la bomba atómica de su sistema económico: el 9 de agosto de 2007, cuando el banco francés BNP suspendió tres fondos basados en hipotecas subprime. Del reconocimiento de la insolvencia de esos productos financieros derivó lo que vivimos hoy: la caída de Grecia, Irlanda y Portugal, la crisis del euro, el aumento del desempleo en España, la destrucción del tejido productivo del país, la desaparición de las cajas de ahorro… No fueron las subprime lo que hundió el sistema español, pero sí la chispa que originó un incendio en el que ardió fácilmente por la debilidad de la economía nacional. Igual que el mundo entendió de la experiencia atómica la necesidad de evitar una guerra de esas características, cinco años después del inicio oficial de la crisis, ¿qué podemos aprender del desastre? ¿Qué hemos sacado en positivo de todo esto? Más que aprender, responde Santos Ruesga, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma, deberíamos plantearnos el problema que causa no tener una economía competitiva.

En una fase expansiva no se nota, pero en una crisis de estas características nos damos cuenta de que tenemos una economía sin defensas que acaba ajustándose en precios y en salarios. O sea, que hay que cambiar. No debemos repetir los profundos errores que hemos tenido en los últimos diez años. Si nos damos cuenta de que nuestro crecimiento no puede basarse en el consumismo y la especulación, si nos damos cuenta de que nuestro sistema productivo no puede depender solo del turismo y la construcción y estar vendido a la dependencia energética, de que los salarios de los directivos y los dividendos deben corregirse, si nos damos cuentas de que hay que fomentar la competencia… Y si conseguimos eso, aunque sea con la dureza y el dolor que nos está costando, esta crisis habrá servido para algo , defiende José Ramón Espínola, catedrático de Política Económica de la Universidad Pontificia de Comillas.

Miguel Ángel Bernal, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles, no es tan ambicioso. Se conforma con que los españoles extraigan una única conclusión, poco más: no se puede vivir de préstamos. Hemos estado mediatizados por campañas de marketing que nos han llevado a vivir por encima de nuestras posibilidades y eso lo hemos financiando pidiendo dinero a los bancos. Debemos ser conscientes de dónde estamos y a pagar con el esfuerzo del ahorro. Porque debemos aprender que si alguien nos presta dinero, hay que devolverlo. Y ahí está la lección, en darle una más alta consideración al ahorro.

De todo eso, de ese concepto tan repetido por políticos y analistas, el de que hemos vivido por encima  de nuestras posibilidades, la sociedad ya está concienciada, según observa Valentín Pich, presidente del Consejo General de Colegios de Economistas: es una de las lecciones aprendidas. Con esta crisis la sociedad está desconcertada y concienciada para aceptar cuestiones que jamás habrían tolerado anteriormente. Que van desde el eliminar los dispendios en las fiestas de los ayuntamientos a transigir con la reforma del mercado laboral o la sanitaria. También es cierto que no hay dinero y por lo tanto toca eliminar prestaciones. Porque no se pueden pagar.

Los políticos

No fueron, no obstante, los ciudadanos los que planeaban fiestas populares con conciertos gratuitos de cantantes del momento porque los pagaban los ayuntamientos. No fueron los ciudadanos los que reclamaron aeropuertos sin planes de viabilidad. No fueron los ciudadanos los que clamaron en manifestaciones por la calle por el soterramiento multimillonario de las circunvalaciones o las rehabilitaciones versallescas de vistosos edificios históricos para convertirlos en sedes oficiales. No. Fueron los políticos. Ellos, una clase política acomodada, aprendieron a gastar sin ningún tipo de vergüenza, sin darse cuenta de que hay que pagarlo, lamenta Ramón Alfonso, profesor de Finanzas de la escuela de negocios EADA. Y la gente se ha percatado de esa actitud. Y de esta crisis vendrá una mayor exigencia hacia los políticos, un mayor control de sus acciones. Pero mientras hacemos que se les quiten los sueños de entre las orejas, habrá sufrido la sociedad y se habrá acabado con el sueño del Dorado.

Alfonso es crítico con los políticos y con un sector que conoce bien, la banca. Otra de las lecciones de la crisis debe ser la de ponerle límites a los banqueros. Son culpables de gran parte de los problemas actuales, que estamos pagando entre todos. Pero parece que no tuvieran nada que ver con lo que esta sucediendo. Y nadie les está reclamando nada. Hay un respeto excesivo a la banca en este país. Y los banqueros no están aprendiendo nada. Ni ellos ni los políticos. Tienen ya los vicios interiorizados y hacen ver que actúan, pero simplemente es maquillaje.

Esta crisis, que no tiene nada positivo para los de abajo porque el sufrimiento de las grandes mayorías nunca es positivo, es otra gran oportunidad para constatar que el actual sistema y sus políticas económicas sólo está pensada para la minoría, para el enriquecimientos de unos pocos a costa del padecimiento de muchos, cree Alfredo Serrano, investigador económico del Centro de Estudios Políticos y Sociales. Es un momento para que gran parte de la población acuerde un mínimo común denominador, y es que ya no desean estar gobernados por representantes de los poderes económicos.

Pragmatismo, cambio de modelo productivo, estima del ahorro, reducción del gasto, límites a la banca, control sobre los políticos… todas eso puntos positivos que se pueden sacar de la crisis llevarán tiempo, no son tan directos como el que constata Juan Aitor Lago, director del Strategic Research Center de la Escuela de Administracion de Empresas: ahora se podrá comprar una vivienda a un precio normal y no de yuppie como se estaba haciendo. Los precios se pondrán en su valor real, pero no sólo el de los pisos. No: el de todos los productos que se incrementaron con la llegada del euro de una manera exagerada. Nos lo podíamos permitir por el endeudamiento, no por la inversión o el ahorro. Y eso tiene que cambiar.

El problema es que no sólo bajaran los  precios de los productos, si no que, como estima el Banco Central Europeo, bajaran los salarios, algo positivo puesto que, la pérdida del poder adquisitivo de los españoles hará ganar competitividad a España.

Publicado en ARN Digital
10 de agosto de 2012

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