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May 142012
 

Ramon Noguera, Director Académico EADA

Ramon Noguera, Director Académico EADA

RAMÓN NOGUERA
Director Académico de EADA

 

En un reciente estudio de la consultora Accenture, preparado para el European Business Summit 2012, se nos alerta de que sólo un 18% de las empresas europeas tienen la intención de aumentar su inversión en formación en los próximos 12 meses. En el caso de las empresas radicadas en España esta cifra desciende hasta un 12%, con casi un 30% reportando que prevé una disminución significativa en este capítulo.

Quizá paradójicamente, este mismo informe nos indica que un 70% de los altos ejecutivos entrevistados en empresas españolas prevé dificultades en encontrar personal con capacidades analíticas ‘avanzadas’, lo que parecería que debería impulsar a las empresas a invertir más, y no menos, en formación.

Claramente, estos resultados reflejan parcialmente la difícil situación causada por la coyuntura económica, pero también la ya tradicional difídil relación entre la empresa española y la educación superior e investigación, y que constituye uno de los problemas más significativos del modelo productivo de nuestro país.

Esta difícil situación ha sido analizada ya hasta el hartazgo, con la ya considerada – y con frecuencia interesada – distribución de culpas hacia una empresa ‘pequeña’ y ‘no interesada’ en la innovación, o bien a una educación superior y sistema de I+D+i más interesado en publicaciones científicas que en proveer soluciones ‘útiles’ a las empresas.

Sin entrar en el fondo de esta cuestión, parte de la problemática probablemente derive de modelos obsoletos, que se basan en una perspectiva lineal y simplista de la transmisión de conocimiento, y que ni reconocen ni aprovechan el valor de las diferentes experiencias que aportan los distintos participantes en el proceso formativo/innovador. El reciente interés en modelos de ‘innovación abierta’ y ‘co-creación’ puede entenderse como un intento de escapar de este paradigma.

En las escuelas de negocio, hace tiempo que sabemos que el valor de la formación no se genera exclusivamente a través del aprendizaje de una nueva técnica o procedimiento. Aunque este aprendizaje técnico no deja de ser importante, la plusvalía más significativa emerge a partir de desarrollar una exploración sistemática de las posibilidades de cambio e innovación en la práctica diaria de la empresa, posibilidades que pueden descubrirse más fácilmente estableciendo un partenariado de iguales entre los participantes en la formación – tanto profesor como alumno.

El valor de la formación se genera sólo del aprendizaje de nuevas técnicas

Este modelo de formación, centrado en el participante, y en el que la destreza y conocimiento del profesor general un clima propicio para la discusión, permite aprovechar al máximo la experiencia real que se encuentra presente en el aula, aportando rigor, relevancia y una visión global a las problemáticas en discusión, y desarrollando en los participantes precisamente estas habilidades analíticas avanzadas que tan escasas parecen ser en nuestro mercado laboral.

Se discute mucho en estos momentos la necesidad de acompañar las políticas de austeridad -un valor que, no olvidemos, también debe serlo en momentos de bonanza- con programas de crecimiento. La reflexión también es buena a nivel empresarial e individual. En la medida de lo posible, nos corresponde a todos los interesados en encontrar salidas a la crisis, buscar la manera de compaginar la austeridad con la formación e innovación que son la base sostenible del crecimiento.

Publicado en Dossier Empresarial
11 de mayo de 2012

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