Mar 232012
 

Alejandro Alcaraz, profesor de EADA

Alejandro Alcaraz, profesor de EADA

por ALEJANDRO ALCARAZ
Profesor de finanzas internacionales de EADA

En cualquier libro de macroeconomía, en el apartado relativo a la definición del ciclo económico, podemos encontrar especificadas las clases en las que se divide. Suelen ser cinco. A saber:

  • fase 1 de recuperación;
  • fase 2 de primera expansión;
  • fase 3 de plena expansión o pico del ciclo;
  • fase 4 de desaceleración; y fase 5 de recesión.

Ahondando en la materia, a fin de determinar en qué fase del ciclo nos encontramos y hacia qué fase del ciclo nos dirigimos, utilizamos variables o datos económicos. Sin ánimo de ser excesivo, sí que podemos decir que estos datos indicadores se pueden clasificar en 3 tipos:

  • tipo A, indicadores retardados que ofrecen información ya pasada;
  • tipo B, indicadores coincidentes que dan información del momento;
  • tipo C, indicadores anticipados que ofrecen información futura (estos están basados en encuestas y son, desde luego, los que mejor permiten determinar el ‘hacia dónde vamos’).

Ligando esto último con lo primero, es relativamente fácil adivinar que en la fase de recuperación, los indicadores retardados no serán buenos si bien en cambio los adelantados empezarán a dar señales de optimismo. En el caso contrario, en la fase 4 (desaceleración), los indicadores de tipo C (adelantados) ofrecerán lecturas pesimistas en cuanto a la futura evolución de la economía.

Relacionando todo lo anterior con las políticas monetarias practicadas por los bancos centrales (tipos de interés) y las políticas fiscales (impuestos), parece lógico pensar que en épocas de expansión (fases 2 y 3), ambas políticas tenderán a ser de tipo restrictivo (tipos de interés e impuestos elevados) a fin de evitar un repunte de la inflacción o el sobrecalentamiento de la economía. Sin embargo en épocas de desaceleración (fases 4 y 5), el sentido común nos invita a pensar en políticas monetarias y fiscales de tipo expansivo (tipos de interés e impuestos reducidos).

Pues bien, echando un vistazo a los últimos indicadores publicados en España, la lectura es claramente negativa. Y no nos equivocamos si afirmamos con rotundidad que nos encontramos en recesión. Tal situación suele coincidir con políticas monetarias y fiscales expansivas. De hecho, el Banco Central Europeo ha venido haciendo su trabajo. Las masivas operaciones de inyección de liquidez son, sin duda alguna, un factor que está contribuyendo a estabilizar la situación. Sin embargo cuando hablamos de las políticas fiscales, la cosa chirría.

¿Cómo es que con más de cinco millones de parados, más de 12 millones de pobres, un sector empresarial destruyéndose, etc., no recibimos ningún tipo de estímulo? Más bien al contrario, ¿cómo es que en esta situación se opta por medidas que contribuyen a disminuir, más si cabe, nuestra renta disponible (subida de IRPF, pago por receta, tasa turística, subida de la luz en abril, etc.)? La razón está clara. No hicimos los deberes en su momento y ahora hay que pagar la deuda. Europa nos asfixia. Hemos perdido toda soberanía presupuestaria y, por tanto, hemos de acatar las pautas de austeridad dictadas por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario internacional y, en una Europa asimétrica (donde unos van bien, otros van mal) eso es muy complicado. Nuestra clase política, la presente y la futura, tiene poco margen de maniobra.

Eso sólo significa que nuestra recuperación económica va a tardar más en llegar. Por eso, cuando desde la clase política nos hablan de confianza, de que todo esto es por el bien común, de que hay que animarse y consumir, de que ya se vislumbran los ‘brotes verdes’, etc., en mi opinión, es todo simple palabrería. La economía diaria de las familias y de las empresas va por otros derroteros muy diferentes.

No me parece que podamos esperar mucho de los demás. Por eso, cada uno en su día a día, ha de tratar de capear el temporal de la mejor manera posible. Es cierto que todos estamos en el mismo barco, pero en dicho barco hay camarotes de primera, de segunda y de tercera que apenas tienen un ojo de buey. A todos, pero especialmente a los últimos, ahorremos más y consumamos e invirtamos lo mínimo posible porque creo, sinceramente, que lo peor está por llegar.

Publicado en Dossier Empresarial
23 de marzo de 2012

acceso

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: