Feb 132012
 

Casi la mitad de los jóvenes catalanes están en el desempleo, muchos de ellos de larga duración. O están muy formados y no hallan plazas adecuadas o les falta la preparación más elemental

¿Qué futuro le espera a un país en que la mitad de los jóvenes está en el paro?

La última Encuesta de Población Activa es escalofriante: tras cuatro años de crisis, seis autonomías -Andalucía, Asturias, Baleares, Comunitat Valenciana, Extremadura y Murcia tienen más de la mitad de sus menores de 25 años en situación de desempleo. En Catalunya, es el 47,93%, y la media española es del 48,56%. En el global de los parados españoles, uno de cada tres tiene menos de 30 años. Claro que esta cifra incluye sólo aquellos que están buscando empleo, no a aquellos que por falta de oferta laboral están estudiando ni a los que se buscan su vida profesional en el extranjero.

Se habla ya de una generación perdida, teniendo en cuenta los años que llevamos en crisis y los que se calcula que pueden faltar para que la superemos y se vuelva a niveles de paro aceptables. Los resultados de esta generación perdida van más allá de la falta de retorno de la inversión que se ha hecho en la formación de estos jóvenes -se coincide en decir que es la generación más formada y afecta tanto a un previsible descenso demográfico (sin empleo estable, se alarga el plazo para formar una familia estable y es más difícil decidir tener hijos) como al sistema de pensiones, ya que se reduce la relación entre los que cotizan a la Seguridad Social y los pensionistas, además de que los salarios más bajos implican cotizaciones más bajas para repartir entre los perceptores.

Jordi Costa , profesor de EADA

Jordi Costa , profesor de EADA

«Es un problema de desarrollo económico. Se crea un vacío generacional que a nivel social tiene efectos bastante dramáticos, de marginación y depresión. Es difícil subsistir sin trabajo», indica Jordi Costa, profesor de la escuela de negocios EADA, quien prevé un deterioro social que implicará un aumento de la delincuencia ante la falta de oferta laboral para los jóvenes.

Emprender

«Socialmente, esta situación comporta la pérdida de capacidad de ilusión de toda una generación», explica el profesor de lese José Ramón Pin. «Mientras están en la Universidad hay que decirles que o se montan su propia empresa o emigran, porque aquí para conseguir un contrato, además de formación necesitas tener relaciones», afirma.

La huida al extranjero ha sido una salida para 60.000 universitarios, lo que constituye un auténtico drama para el país, que pierde a sus trabajadores más formados. La única esperanza es que «si las condiciones económicas empiezan a desarrollarse, volverán a España, y su estancia en el extranjero habrá sido una experiencia positiva porque abre la mente y te aporta ideas nuevas», afirma Pin.

No sólo hay poco trabajo para los jóvenes, sino que cuando se accede al mercado laboral, es de una exagerada fragilidad debido al predominio del contrato temporal. «Más del 90% de los contratos que se firmaron el año pasado tenían carácter temporal», indica Pin, quien señala el abuso que se hace de esta modalidad. «Incluso para los puestos que realmente son fijos se hacen contratos temporales, y si conviene se va contratando sucesivamente a diferentes trabajadores, o se les va cambiando dentro de la misma empresa en diferentes puestos», explica.

La reforma laboral aprobada por el Consejo de Ministros el pasado viernes establece que las empresas tendrán una bonificación en la cuota de la Seguridad Social de hasta 3.600 euros cuando contraten indefinidamente a jóvenes de entre 16 y 30 años durante tres años, una subvención que significa sólo una ayudita, ya que difícilmente habrá contratación amplia mientras no crezca la economía.

Formación profesional

Jordi Costa apuesta por la incidencia en la formación profesional como herramienta para facilitar la empleabilidad de los jóvenes, siguiendo el modelo alemán en el que parte de la formación se hace en empresas colaboradoras que. a menudo, se quedan posteriormente con el trabajador una vez finalizada la etapa formativa. «Mejorar el sistema educativo es una opción a más largo plazo, pero hacerlo sobre la formación profesional es más rápido», afirma.

De hecho, la formación profesional parece ser una herramienta realmente eficaz contra el desempleo juvenil. Sólo un 14% de los alumnos que han completado el ciclo secundario o superior de grados formativos (la antigua FP) sigue buscando trabajo seis meses después de acabar la formación, según explica Antoni Barrufet, responsable de FP en Tarragona. La falta de empleo ha llevado a muchos jóvenes a intentar volver a los circuitos formativos para tener una preparación adecuada para el mundo laboral.

Muchos de ellos habían abandonado los estudios antes de tener la titulación mínima, captados por el señuelo de los sueldos abundantes y fáciles en el sector de la construcción. Ahora, para ingresar en los ciclos formativos deben superar unas pruebas de acceso, lo que implica que antes deben formarse para acreditar un nivel similar al de haber completado la ESO. O cursar un PQPI, cursos que dan la posibilidad de presentarse a las pruebas de acceso a la FP pero de los que hay mucha más demanda que oferta. «La crisis está llevando a que muchos más jóvenes quieran volver a los centros, pero se encuentran con dificultades para poder acceder», explica Barrufet.

Seguir estudiando

También se ha registrado un cambio a la hora de completar los ciclos formativos. Antes, cuando se completaba el grado medio, el estudiante dejaba de formarse para buscar trabajo. Ahora, cursa el grado superior, y el que finaliza el grado superior intenta acceder a la Universidad a la espera de que vengan tiempos mejores.

Parado de larga duración

‘Quise montar un negocio pero no me dieron el crédito’

Frederic tiene 31 años y lleva cerca de dos y medio en el paro. Se le está agotando la ayuda de los 400 euros. «Cuando me despidieron me planteé montar mi propio negocio, una tienda de ropa o un bar, pero los bancos me negaron el crédito y no obtuve la suficiente financiación. Empecé a buscar empleo por toda la provincia de Tarragona. Mandé currículums a mil sitios, pero nada», comenta.

Tuvo que dejar el piso en el que residía -está soltero y vive solo porque no podía asumir el coste del alquiler. Ahora comparte vivienda y gastos con otro chico. «Cuando se me agote la prestación seguramente tendré que volver a mudarme porque tampoco podré pagar el piso donde estoy ahora», dice. Frederic no descarta alquilar una habitación en algún piso de estudiantes. Mientras tanto, está realizando un curso gratuito del paro. «Lo hago porque me obligan para poder cobrar la ayuda y porque me puede ayudar en el futuro a encontrar un trabajo», asegura.

Subempleado

‘Cuando voy a la obra, pienso que soy el que menos cobro’

Manel es un arquitecto de Cambrils de 27 años, con título obtenido en 2010 en la UPC. Ha vivido la paradoja de ver cómo sus ingresos caían desde que era estudiante y hacía prácticas en despachos de Barcelona a ahora, que ya tiene la graduación pero ha tenido que darse de alta como autónomo para poder colaborar con un arquitecto.

«Cuando voy a la obra, pese a desconocer los salarios de los diferentes trabajadores, pienso y me atrevo a asegurar que soy el que menos retribución económica recibo», explica. De hecho, su salario está muy cerca del mínimo interprofesional. Aún así, se considera afortunado frente a otros compañeros de estudios, ya que «al menos me puedo dedicar a adquirir experiencia».

Manel trabaja tres cuartos de jornada, ya que la tarde la dedica a cursar un master que le habilitaría para dar clases en educación secundaria, ya que contempla la docencia como una salida profesional o, como mínimo, un complemento ante el difícil panorama laboral. O eso, o emigrar.

En el extranjero

‘La situación es muy difícil para los jóvenes profesionales’

Berlín, Colonia y, desde hace meses, Munich. Es el periplo de Alicia, joven arquitecto de Tarragona -29 añosque trabaja como traductora (cursó el master en la UPF) en una editorial especializada en arquitectura. Pese a trabajar casi en exclusiva para esta editorial, ha tenido que darse de alta como autónoma y lo que ha cobrado en las dos últimas ocupaciones -2,5 euros la hora está muy por debajo de lo que ingresaba cuando hacía prácticas como estudiante -entre 7 y 9 euros la hora. Aún así «estoy contenta de la experiencia. Que me permitan seguir trabajando en la empresa y en condiciones bastante mejores resulta satisfactorio».

Alicia marchó a Alemania para profundizar en el idioma y «porque pensaba que podría ser una experiencia muy enriquecedora que me permitiría más adelante acceder a trabajos satisfactorios». Es consciente de que «la situación en nuestro país es muy difícil para los jóvenes profesionales» y, aunque en Alemania tampoco es tan fácil como se dice, «quien más quien menos comienza haciendo unas prácticas poco remuneradas». Explica que allí pueden hallarse más oportunidades, aunque siempre condicionadas a dominar como mínimo el inglés.

Publicado en Diari de Tarragona
12 de febrero de 2012

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