Nov 302011
 

Yamaha sigue a Sony y cede su planta a un grupo español para evitar despidos

“La solución de reconversión industrial encontrada para la fábrica de Yamaha sigue la estela de otras empresas japonesas en Cataluña, permitiendo retener en el país el conocimiento y la experiencia del personal y las instalaciones, pero siendo dirigidos a otros proyectos y sectores de mayor recorrido y potencial de crecimiento”.

Yamaha explicó con esta frase, incluida en un comunicado la semana pasada, cómo iba a culminar su marcha de Cataluña: cederá su planta al Grupo Sesé, firma española de logística, a cambio de evitar despidos. Yamaha es la tercera compañía japonesa que sigue una senda que, de momento, no convence a los trabajadores.

El patrón lo inauguró Sony en septiembre de 2010. Sus activos de Viladecavalls acabaron cedidos a las catalanas Ficosa y Comsa-Emte. Le siguió Sharp, cuya planta de Sant Cugat está ahora en manos de Nortia-Cirsa. Y ahora es Yamaha la que tiene la operación casi cerrada para traspasar su planta de Palau-solità y a sus empleados a Sesé. No es raro que haya similitudes: la consultora Alta Partners ha aconsejado en los tres procesos.

¿Operaciones brillantes y sin víctimas?

La plantilla de Yamaha tienen sus dudas, porque cree que los antecedentes empiezan a hacer agua. Por eso se resisten a aceptar el trato. El mismo día que Yamaha anunció sus planes, Ficosa presentó un expediente de regulación de empleo temporal de 50 días para los 600 trabajadores de la antigua fábrica de Sony. Los empleados que Nortia-Cirsa asumió de Sharp, tras una reducción a base de bajas incentivadas, solo tienen dos años de empleo asegurado.

En estas operaciones, la matriz rechaza irse sin más y se compromete a realizar encargos durante un periodo. Se va sin despidos en su conciencia. Y con el beneplácito de la Administración, porque no hay traumas a corto plazo en el territorio que ocupaban.

Aline Masuda, EADA

“No sé si se puede hablar de un modelo de salidas japonesas, pero sí han sido marchas responsables”, apunta Luis Vives, profesor de políticas de empresa en ESADE. En los tres casos, dice, se ha tenido en cuenta lo mejor para la empresa, pero también para el entorno, desde clientes a trabajadores. “La empresa que se queda los activos también hace un gran esfuerzo, porque es complicado asumir una responsabilidad así”, añade.

El modelo elegido no es casual y tiene que ver con la cultura japonesa, explica Aline Masuda, profesora de recursos humanos en la escuela de negocios EADA y de orígenes japoneses. “En Japón es más importante el grupo que el individuo. Por eso se trata de buscar siempre una solución que beneficie al conjunto, aunque suponga un sacrificio”, señala. Sacrificio como regalar los activos a la empresa local.

“La empresa japonesa valora que se mantenga la armonía, que se valore el trabajo y que la firma proyecte buena imagen”, añade. Las empresas hacen lo posible para evitar que su nombre salga manchado. “Sería una vergüenza, porque implicaría que la empresa ha hecho algo mal o ha fallado a sus empleados”, explica.

La marcha de Sony fue vitoreada por el Gobierno catalán y los directivos de la firma nipona en España como un éxito rotundo. Sin embargo, la alegría ha dejado paso a la preocupación. Ficosa presentó un plan de prejubilaciones y bajas incentivadas para 150 de los 600 empleados que absorbió de Sony. Solo 80 se acogieron a él y por eso la empresa presentó un ERE temporal la semana pasada. Sony se comprometió a comprar televisores durante dos años. Pero Ficosa asegura que la producción se ha reducido. Todo esto se completa con una batalla interna de disputas judiciales entre las familias fundadoras, los Tarragó y los Pujol i Artigas.

Por su parte, el culebrón de Sharp, que terminó con la absorción de un tercio de la plantilla por Nortia-Cirsa, se prolongó dos años, recuerda quien presidió el comité de empresa, Eduard Pomar (UGT). En un primer momento la plantilla pasó de 500 a 300 personas con bajas incentivadas; más tarde hubo tres ERE temporales y un último de extinción. El desenlace consistió en que 103 personas se quedaron en Sharp en tareas administrativas y comerciales, otras 87 fueron despedidas y las 100 restantes fueron absorbidas por Nortia y han pasado a fabricar máquinas recreativas. Tienen por delante solo dos años de tranquilidad, el plazo que Nortia y Sharp acordaron mantener los puestos de trabajo. Ni unos ni otros acaban de estar satisfechos con sus condiciones.

El ejemplo de Sony y Ficosa es una de las razones por las que los empleados de Yamaha se oponen a la cesión de la fábrica de motocicletas a Sesé. Los trabajadores no lo ven claro y amenazan con acudir a los tribunales para evitar un acuerdo empresarial que entienden que vulnera el artículo 44 del Estatuto de los Trabajadores, porque la actividad de ambas empresas es “totalmente diferente”, alerta el portavoz de los trabajadores de la planta de Palau-solità i Plegamans, Oscar Rivera (CC OO).

A la espera de reunirse con la dirección de Sesé para conocer sus intenciones, Rivera insiste en pedir que Yamaha pague las indemnizaciones a las que se comprometió ante la Generalitat en verano. “Si nos pagaran una indemnización teniendo en cuenta nuestra categoría y antigüedad, no la perderíamos en caso de que ocurra como en Sony”, defiende.

 

Publicado en El País, “Despedida a la Japonesa”

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