Nov 282011
 

Rafael Sambola Puig

Director y profesor del Master en Dirección Financiera de EADA

 

 

Según datos facilitados por el Banco de España en un reciente informe, se afirmaba que la financiación bancaria para familias y empresas registró en septiembre una caída del 2%, la más acusada desde que se inició la actual crisis financiera. Sin duda una mala noticia ya que equivaldría  a decir  que las empresas  han disminuido por cuarto mes consecutivo su cifra de ventas, ya que si en una compañía su objetivo  es vender y cobrar, en un banco su razón de ser está en la concesión de créditos, para posteriormente recuperarlos y obtener un ingreso financiero.

Varias pueden ser las causas que han llevado a esta situación:

En primer lugar el poco crecimiento de la economía española, cuya inestabilidad provoca por parte de los empresarios y personas físicas una minoración de sus inversiones y de sus consumos.

Pero también es cierto que la financiación puede limitarse a posibles clientes con perspectivas óptimas y finalidades objetivas  debido a que la entidad de crédito no puede o no quiere asumir más riesgos. Evidentemente es una razón preocupante, ya que el poco crecimiento que puede  generarse  se disipa por  falta de financiación.

Sin duda la situación de debilidad que habita  actualmente en  la banca no ayuda a cambiar esta tendencia puesto que  son muchos los factores que confluyen a la vez y de forma negativa:

  1. El vencimiento de deuda en el 2012 por una cifra cercana a los 127.078  millones de euros y en el que los seis bancos más importantes (Santander BBVA, Caixa Bank, Bankia y Popular) deberán hacer frente al 63% del total aproximadamente.
  2. Los créditos morosos del sector financiero español han subido en septiembre por cuarto mes consecutivo, alcanzando una cifra del 7,16%, 128.000 millones de euros, una tasa alarmante ya que no se registraban estas cifras desde noviembre de 1994. La recesión económica en España y en la mayoría de países de la Unión Europea no ayudan a invertir la tendencia. Además,  la exposición al sector inmobiliario mediante la concesión de créditos por un importe de 420.000 millones de euros puede generar una  pérdida extrema según el Banco de España, cercana a los 65.000 millones de euros, alrededor de un 15%.
  3. Exigencias de recapitalización requeridas por el regulador y que deben estar completadas antes del 30 de Junio del 2012. Su importe debe estar cercano a los 25.000 millones de euros, aunque en la práctica podría ser sólo de 15.000 millones al haber conseguido hasta la fecha el diferencial mediante recursos generados por el propio negocio.
  4. Aumento de la prima de riesgo país,  lo que repercute de forma negativa en el  coste de la financiación y en la facilidad para obtener financiación
  5. Disminución de sus márgenes y cuya consecuencia inmediata, según afirmaba la gran banca, han generado un deterioro de sus ganancias en Septiembre de aproximadamente un 14%, comparado con el mismo periodo del año anterior. Una posible mejora de estos resultados, tal como se había hecho en épocas anteriores, podría ser el desprenderse de una parte de la cartera industrial para que las plusvalías obtenidas ayuden  a mejorar su resultado. Sin embargo la mala situación actual de los mercados aconseja evitar estas operaciones si no se quiere obtener como contrapartida importantes minusvalías.
  6. Exposición a la deuda española (229.000 millones de euros), portuguesa y en menor medida a la deuda griega, estas dos últimas de un elevado riesgo y cuya posible venta masiva en lo que se refiere a la deuda española puede generar un repunte de la prima de riesgo país.
  7. El deterioro de estos activos mencionados en el anterior apartado dificulta la obtención de nueva financiación por parte de las entidades de crédito. Las cámaras de compensación, Clearnet o Eurex Repo, donde los bancos obtienen financiación después de aportar avales en forma de bonos públicos están exigiendo  mayores garantías como consecuencia de la crisis de la deuda y el alza de la prima de riesgo.
  8. Ajustes contables realizados por las dos entidades bancarias más importantes por capitalización,  Santander y el BBVA como consecuencia del deterioro de su Fondo de Comercio activados en años anteriores como resultado de sus compras sobrevaloradas y realizadas antes de la crisis actual. Así por ejemplo, el Banco de Santander deterioró su intangible, es decir reflejó su valor real en función de las perspectivas futuras, por un importe cercano a los -24.000 millones de euros. Por otro lado, BBVA anotó un deterioro en el último trimestre del 2009 por un importe de -1.050 millones de euros. Su impacto negativo en los resultados y el hecho de que el “deterioro” sea irreversible, no ayuda a mejorar la situación de la gran banca.

Aunque deberán darse también otras circunstancias, es evidente que la mejora de nuestra economía, pasa por tener una banca fuerte que permita financiar el tan esperado  crecimiento del PIB.

Para conseguirlo es preciso que el sector adopte un conjunto de medidas y tome una serie de decisiones urgentes y de calado,  que deben dejar en segundo término el aval que supone la posible inyección de dinero público a través del FROB.

La reestructuración de la banca pasa inevitablemente por la concentración del sector, proceso en el que,  según la asociación Analistas Financieros internacionales debería provocar que estas se reduzcan a tan solo 5 entidades.

Aunque este proceso ya se ha iniciado, quedan aún muchos aspectos por resolver, como la situación de la CAM, UNIM, NOVA CAIXA GALICIA , CATALUNYA CAIXA y últimamente el BANCO DE VALENCIA.

Las ventajas de este proceso están en el ahorro de costes de estructura, en la consecución de economías de escala y en la mejor gestión de sus activos no corrientes, eliminando las duplicidades y aquellos que no generen valor al grupo.

También las adquisiciones y fusiones realizadas por debajo del valor en libros (tal como sucede en las entidades de crédito cotizadas)  implicará,  como efecto colateral, un incremento de los fondos propios en forma de “ingresos por combinación de negocios” (es decir como  consecuencia de aflorar un fondo de comercio de signo negativo), aspecto clave para mantener o mejorar el “Core Capital”.

Finalmente para que la banca lleve a cabo su objeto social: “recibir financiación, para conceder créditos” se hace imprescindible la máxima credibilidad de su situación patrimonial eliminando de sus activos aquellos que difícilmente pueden convertirse en dinero como son los que provienen del sector de la construcción e inmobiliario.

La alternativa pasa por la segregación de estos activos dañinos y su traspaso a un  “banco malo público” gestionado por el Estado. Aunque sí que es cierto que la valoración de los mismos puede entrañar cierta complejidad, su valor de venta sería inferior al contable, y su impacto en los resultados casi nulo, puesto que préviamente y en estos últimos años  ya se han dotado las correspondientes provisiones. Su pago podría realizarse mediante la emisión de deuda pública y con vencimiento a largo plazo.

Este “gestor público” se encargaría de dirigirlo, vender los activos ante una posible oportunidad o congelarlos hasta que el mercado se recupere, tal como han hecho otros países europeos (por ejemplo Bélgica con la filial de Dexia en este país). Las consecuencias serían inmediatas y los resultados se traducirían en una disminución de la incertidumbre y un enfoque más transparente  de la situación.

El tiempo corre y precisamente el factor tiempo es un aspecto clave para remontar la situación. El nuevo Gobierno, elegido el pasado 20 de Noviembre, tiene la oportunidad para incentivar y liderar este cambio tomando en el muy corto plazo las decisiones que mejoren  el sector bancario, tan necesario para salir de esta crisis, verdaderamente compleja.

 

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